Mentalidad de Ratones Verdes
Durante décadas, la Selección Mexicana cargó con un apodo tan cruel como revelador: los Ratones Verdes. El color de sus playeras y varias derrotas dolorosas fueron consolidando el apodo. No era una crítica al talento de los futbolistas mexicanos. Era una crítica a su mentalidad.
Se decía que el problema era que los Ratones Verdes jugaban con miedo y que entraban a la cancha pensando en no perder, en lugar de salir a ganar. Que celebraban derrotas decorosas como si fueran victorias.
El apodo de “Los Ratones Verdes” siempre me pareció molesto. Si México no le gana a Brasil o a Argentina, es porque la diferencia en la calidad de sus jugadores hace la victoria mexicana poco probable. Solo alguien que no sabe nada de futbol puede decir en serio que la diferencia entre Messi y los jugadores mexicanos es la falta de mentalidad.
Sin embargo, creo que el apodo de Los Ratones Verdes sí aplica en otros aspectos de la cultura mexicana, porque define muy bien la forma de pensar del mexicano promedio. Somos un país que, por alguna razón, no busca victorias... y hasta parece haber aprendido a celebrar las derrotas.
Lo vemos en la economía. Durante años hemos escuchado que nuestro crecimiento es mediocre, pero inmediatamente aparece alguien para explicar por qué pudo haber sido peor. La inversión es insuficiente, pero al menos no se desplomó. La deuda aumenta, pero no tanto como en otros países. La productividad se estanca, pero por lo menos no baja. Siempre existe una justificación para conformarnos.
Lo mismo ocurre con la seguridad. Cada año se acumulan miles de homicidios, desaparecidos y víctimas de extorsión. Sin embargo, el debate político suele reducirse a una competencia absurda para determinar qué gobierno fue menos malo. La pregunta ya no es cómo recuperar la paz. La pregunta es quién puede demostrar en cuál sexenio la violencia era peor.
También sucede en la política. Cuando un gobierno incumple promesas, sus simpatizantes argumentan que los anteriores hicieron lo mismo. Cuando surge un escándalo de corrupción, la defensa consiste en recordar escándalos más grandes del pasado. Cuando una política fracasa, el objetivo ya no es corregirla, sino encontrar a alguien más a quien culpar.
La conversación pública rara vez gira en torno a cómo convertirnos en la potencia económica que podemos ser. Rara vez se habla de cómo el país puede ser exitoso. Nos concentramos solo en cómo evitar la crisis o el desastre. Nuestra meta nacional parece ser sobrevivir al sexenio y nada más.
México tiene recursos naturales, una ubicación geográfica privilegiada, una población trabajadora y acceso al mercado más grande del mundo. Tenemos razones de sobra para pensar en grande. Sin embargo, demasiadas veces actuamos como Los Ratones Verdes: nuestro objetivo es simplemente evitar el fracaso absoluto. Dejamos de exigir resultados extraordinarios y comenzamos a conformarnos con fracasos comparativamente menores.
Las sociedades progresan cuando compiten contra sus aspiraciones, no cuando se comparan constantemente con sus peores momentos. Japón no se convirtió en potencia preguntándose si estaba mejor antes o después de la guerra. Corea del Sur no transformó su economía celebrando que sus problemas eran menores que los de otros países. Las naciones exitosas construyen estándares altos y se sienten apuradas cuando no los alcanzan.
México, en cambio, parece haber desarrollado una extraordinaria capacidad para adaptarse al estancamiento. Hemos normalizado escuelas deficientes porque existen escuelas peores. Hemos normalizado hospitales saturados porque siempre ha estado así. Hemos normalizado la corrupción por lo mismo. Hemos normalizado la violencia porque algunas regiones viven situaciones aún más graves. Nos acostumbramos a medir el éxito por la ausencia de catástrofes. Y quizás ahí se encuentra uno de nuestros problemas más profundos. La actitud de quien deja de aspirar a la victoria y se conforma con una derrota honorable, como Los Ratones Verdes.
Los países no cambian cuando aprenden a justificar sus derrotas. Cambian cuando dejan de aceptarlas. Y mientras sigamos celebrando que las cosas no están tan mal, seguiremos perdiendo partidos que deberíamos estar ganando.





No soy panbolero “consumado” pero mi Sr Padre sí que lo es, me comenta algo que brevemente aquí lo comentado.
México fracasa en futbol por factores varios como
- Que los sueldos en la Liga MX solo están por debajo de los devengados en Estados Unidos en la MLS, lo que frena el éxodo de jugadores al extranjero a desarrollar y mejorar su nivel de juego.
-Que no exista el descenso y el número de extranjeros en la Liga MX que frena el surgimiento de talento fresco y nuevo.
-Que la directiva de la Selección Nacional prioriza recursos de taquilla antes que rivales que exijan al cuadro Tricolor juegos moleros les dicen.
-Que solo llegan en la mayoría de los casos jugadores más mediáticos que los mejores en su posición.
-Que no hay independencia absoluta del cuerpo técnico para trabajar debe ser a contetillo de la mafia del futbol.
-Que no se trabaja de manera adecuada la cuestión mental del conjunto.
-Casi siempre buscan técnicos manejables a los intereses del pantalón largo.
Entre otras más.
Saludos Luis 🫡