Los expertos instantáneos
Vivimos en un mundo donde la información se comparte más rápido que nunca. Ocurre algo al otro lado del mundo, y la noticia nos llega casi de manera instantánea. Ya no tenemos que esperar a que nos llegue el periódico a la mañana siguiente o a que nos muestren las imágenes en el noticiero de la noche. Esta inmediatez tiene sus ventajas, pero ha causado un nuevo problema: la epidemia de los expertos instantáneos.
Hoy, cualquiera puede subir su opinión a las redes sociales. Si a eso le sumamos la necesidad de inmediatez, el resultado es personas que salen a opinar sin informarse y que no saben nada del tema que están tratando. Es que informarse de cualquier cosa toma tiempo, y si alguna noticia está ahora mismo en boca de todos, hay que salir a opinar de inmediato para subirse a la ola.
Por supuesto que todos tenemos derecho a opinar. Claro que nadie sabe todo de todos los temas. Pero el problema es que estos expertos instantáneos, sin saber nada, también dictan sentencia. Personas como Diego Ruzzarin o Alredo Jalife explican geopolítica como si hubieran negociado tratados internacionales. Hablan de economía como si hubieran dirigido un banco central. Analizan conflictos armados como si hubieran estado en un búnker del Pentágono. Y lo hacen con una convicción que ni los verdaderos expertos se atreven a tener. Repiten los que dicen con una seguridad que ni un doctorado produce.
Estos expertos instantáneos a menudo manejan muy bien el lenguaje y son muy carismáticos, por lo que convencen a varias personas su compartir su punto de vista. Me ha tocado ver gente que asegura que Irán está ganando la guerra a Estados Unidos porque así lo dijo un experto en TikTok. Hay quienes dicen que Nicolás Maduro fue electo democráticamente porque así lo dijo algún Youtuber. Hay quienes juran que Pemex está produciendo más petróleo que nunca porque lo mencionó un influencer en una red social.
Estos expertos instantáneos no leen sobre los temas, no consultan fuentes y jamás han hecho una investigación. Sin embargo, por su manera de comunicar, terminan moldeando gran parte de la opinión pública. Lo peor de todo es que estos expertos instantáneos convierten su ignorancia en identidad política. Cuando ocurre un evento complejo, dan una explicación simplista y la repiten como si fuera verdad absoluta. Después, cualquiera que dude de ellos es acusado de “no entender”.
Así, la complejidad desaparece. La opinión pública se forma a partir de impulsos, no de información. El problema no es que la gente opine. El problema es tienen una opinión dura sin saber de lo que hablan, y en lugar de admitirlo, actúan como si supieran.
Y cuando millones de personas creen que entienden un conflicto solo porque vieron un video viral, la conversación pública se vuelve un campo minado donde la ignorancia se disfraza de certeza. Los expertos instantáneos no solo deforman la conversación pública. La simplifican hasta volverla inútil. Para ellos, lo importante no es saber, sino sonar muy seguros de lo que dicen.
Lo más irónico es que muchos de estos expertos instantáneos se quejan de la manipulación mediática, pero al mismo tiempo, piden que la gente repita sin cuestionar lo que ellos están diciendo. Critican la propaganda, mientras ellos generan propaganda. Se burlan de la gente que cree todo lo que ve en televisión… mientras ellos piden a su audiencia que crea todo lo que vio en su canal de YouTube.
Con los expertos instantáneos, la ignorancia es un estilo de vida. Con ellos, la sociedad deja de distinguir entre información y ruido, entre análisis y ocurrencia, entre conocimiento y viralidad. La democracia se vuelve un concurso de popularidad donde gana quien grita más fuerte, no quien tiene razón.





¿Son realmente estos "expertos instantáneos" los culpables de nuestros males? Me parece que no. El problema es la falta de pensamiento crítico en nuestras sociedades (ni en esto somos originales). Por eso las campañas políticas son una competencia que se gana con dinero. El que puede hacer la propaganda más poderosa y regalar algo, gana.